“Una Mujer, una Celda, una Bandera”
‘recordar es lo único que se puede hacer para librarse de la locura’

Puesta en escena y dirección general de Edgardo Chini.
Elenco: Mónica Driollet (unipersonal).

Obra de teatro precursora del ‘Teatro x la Identidad’. Proyecto acompañado por Abuelas de Plaza de Mayo – Madres de Plaza de Mayo (Línea Fundadora) – Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ) – Encuentro por la Memoria – Instituto de Cooperación Iberoamericano (ICI) – Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID)

Año 1998.

La obra es una adaptación del texto ‘Mariana’ (personaje central en Federico García Lorca) que José Ramón Fernández toma para desarrollar un monólogo de lo que fueron sus años de encierro por causas políticas. Este texto es parte de la trilogía ‘Palabras acerca de la guerra’ que este galardonado autor de la dramaturgia española, publico en su país.

El espectáculo se representó en la sala ‘Ranchería’, trasladándose luego a la sala central del Complejo Teatral ‘El Vitral’, (legendario foco del ´under´ de esos tiempos) con muy buena recepción de público y crítica.

 

“Todo empieza de nuevo ante la posibilidad de repensar lo pensado y volver a sentir lo sentido, en el repetido ejercicio de ponerle nombre a cada paso. Nombre para llamar una mujer, una celda, una bandera, según el dibujo personal con el cual, cada Uno guarda el sentido de algunas cosas, algunos seres y algunos hechos”.

 

La obra tuvo un derrotero internacional, que ya había iniciado otra puesta en Madrid y que en Buenos Aires recorrió varios escenarios como ‘El Callejón de los Deseos’, ‘El Observatorio’, además de exhibirse en la ciudad de La Plata y en el teatro La Luna de Montevideo. Y contó con excelente repercusión en los comentarios publicados en coberturas de diferentes medios de comunicación (como ‘Página 12’, ‘Clarín’, ‘La Maga’, ‘Las 12’ a través de las críticas de Ana Durán, Cecilia Hopkins, Mabel Itzcovich y Guillermo Heras, entre otros.

“El prolongado encierro es sin duda uno de esos espacios donde las profundas incertidumbres aparecen con total magnitud. Un lugar que debe proporcionar el apetito necesario para soportar el desgarramiento que significa interrogarse en el dolor. Todo es de otra manera cuando sólo se tiene a uno mismo para descubrir y permitirse hacerse dueño de la idea que en realidad se tiene mucho más que eso. Las palabras tienen su sentido madre en el sólo hecho de ser pronunciadas y escuchadas en soledad. Un monologo en literalidad plena”.

“Cada objeto deja de ser contenido y connotado para adquirir el valor especifico que su uso, su manipulación cotidiana se determina cuando trata de apropiarse de aquello poco que lo rodea, como parte de la resistencia”.

“En la puesta, pusimos en juego todas estas constituciones, visualizándolas a través de penumbras, sombras, apagones. Luces no direccionadas sobre el rostro, para apenas sugerirlo, abriendo la posibilidad de reconstruir caras, hasta reconocerlas como presentes. Zumbidos y rebotes rearmando un afuera distorsionado, que invita a tararear melodías para contrarrestar todo aquello que no parte de la pertenencia. Lo propio rechaza lo ajeno”.

“Y así darle vida estética a una historia de muerte que permanece en las entrañas de una sociedad sin destino resuelto. O en una historia sin final que permanece en una sociedad muerta”.

“Todo empieza de nuevo ante la posibilidad de repensar lo pensado y volver a sentir lo sentido, en el repetido ejercicio de ponerle nombre a cada paso. Nombre para llamar una mujer, una celda, una bandera, según el dibujo personal con el cual, cada Uno guarda el sentido de algunas cosas, algunos seres y algunos hechos”.